Tu página de reservas lista en diez minutos. Tus clientes reservan en cuatro pasos, en cinco idiomas y sin crear ninguna cuenta.
30 días gratis, sin tarjeta · Luego desde 8,25 € al mes + IVA
Cada llamada para reservar es un camarero parado en mitad del servicio.
Apuntas cuatro a las nueve y descubres a las nueve que no caben.
Reservan, no vienen, y esa mesa ya no la recuperas.
A qué horas se puede reservar y cuánta gente cabe. Diez minutos, una vez.
Por WhatsApp, en tu Instagram, en Google, con un QR en la puerta o dentro de tu web.
En tu panel y en tu móvil, con aviso al instante.
Cuántos sois, qué día, a qué hora, tus datos. Y ya está: reservar cuesta menos de un minuto desde el móvil.
Sin cuenta ni contraseña. Se confirma con un código de cuatro dígitos al email.
En cinco idiomas. Español, inglés, alemán, italiano y francés — detecta el del navegador de tu cliente.
Nunca miente. Las horas completas se muestran tachadas, no se esconden.
Tu restaurante es el protagonista. Tu logo, tu foto, tu carta y tu carta de vinos. Y tu página sale en Google.
Cambiar o cancelar, sin llamar. Desde el enlace del email, con los márgenes que tú decidas.
La pantalla que más vas a mirar: las reservas de hoy por servicio, con la ocupación de la comida y de la cena.
Un botón para cerrar las reservas de hoy cuando lo tienes lleno. Y otro para reabrir.
Apuntas lo que entra por teléfono. Si no cabe, te avisa — y te deja guardarlo igual. Tú decides.
Vacaciones y cierres en tres preguntas: qué día, qué cierras y por qué.
El calendario del mes, con las personas que tienes por día y por servicio.
Quién ha venido cinco veces y a quién hay que tratar con mimo.
Quién no se presentó la última vez, y cuándo.
Alergias y manías apuntadas en su ficha, delante de ti antes del servicio.
Recordatorio automático 24 horas antes, para que se acuerden de venir.
Te avisa al instante cuando entra, cambia o se cancela una reserva.
Un gesto para el check-in: deslizas, y han llegado.
Apuntas reservas desde la sala, aunque el wifi del comedor no vaya. Se sincroniza después.
Mejor decírtelo ahora que descubrirlo el mes que viene.
Traerte clientes nuevos — no somos un portal de reservas: gestionamos los que ya te buscan.
Comisión por comensal — pagas una cuota fija, sientes a diez o a doscientos.
Pagos y depósitos — no pedimos la tarjeta a tus clientes.
Plano de mesas — las mesas las repartes tú, que para eso es tu sala.
Si necesitas todo eso, hay herramientas más grandes. Y te lo diremos.
Sin permanencia: te vas cuando quieras y te llevas tus datos.
Cuota fija: lo que pagas no depende de cuánta gente sientes.
Los primeros 30 días, nada — sin tarjeta. Después, 19,90 € al mes o 199,90 € al año, más IVA. Ahora, de lanzamiento, 9,90 € al mes o 99 € al año — y ese precio se te queda para siempre mientras mantengas la suscripción.
Creas tu cuenta y lo usas todo un mes, sin tarjeta. Si no te convence, no haces nada. Si te quedas, eliges mensual o anual.
No. Te das de baja cuando quieras y te llevas tus datos.
No. Pagas la cuota y ya está, sientes a diez o a doscientos. Tus clientes son tuyos, no de un portal.
No. Tu enlace de reservas ya es una página, con tu logo, tu carta y tu horario. La compartes por WhatsApp, en Instagram o con un QR en la puerta.
Sí. Se pega un trozo de código y aparece integrado, o como botón flotante de «Reservar mesa».
El sistema deja de ofrecer esa hora: se muestra tachada, no escondida. Y tú puedes cerrar las reservas de hoy con un botón, sin cortar el teléfono.
Sí. Las apuntas en el panel o en el móvil mientras hablas, y si no cabe te avisa antes de guardar — aunque tú puedes forzarlo: el maître sabe cosas que el sistema no.
A partir del tamaño que tú decidas, tu página les pide que te llamen. Lo habláis y lo apuntas a mano.
Como quieras: confirmación automática o aprobación manual reserva a reserva. Se cambia en un ajuste.
Son tuyos. Los exportas o los borras cuando quieras. Cumplimos el RGPD y firmamos contigo el contrato de encargado de tratamiento.